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martes, 28 de mayo de 2019

La broma pesada de mediados del siglo pasado que llevó a un asesinato en el año 2012

La broma pesada de mediados del siglo pasado que llevó a un asesinato en el año 2012

El pasado 31 de enero Carl Ericsson se acercó al domicilio de un excompañero de instituto y le disparó a quemarropa. El asesino, condenado a cadena perpetua, ha confesado que el móvil no fue otro que tomarse la revancha por una broma de mal gusto que ocurrió hace más de medio siglo.

Los detectives que investigaban el asesinato de Norman Johnson, de 74 años, a la puerta de su casa en Madison (Dakota del Sur, EEUU) estaban desconcertados: ¿Qué lleva a un hombre a llamar al timbre de un ex compañero de instituto, comprobar su identidad, sacar un revólver del calibre 45 y descerrajarle dos disparos a quemarropa? Una venganza personal de lo más visceral.

Así lo ha confesado Carl Ericsson, de 73 años, que ha aguardado casi 60 años para tomarse la revancha de una broma de mal gusto de la que fue víctima en el vestuario del instituto Madison High School a principios de la década de los años 50.

Según explicó el pasado viernes al jurado que lo juzga por asesinato en primer grado, él y Johnson eran compañeros de clase. Ericsson era un chico tímido, mientras que su víctima era una estrella del deporte escolar, uno de esos chicos populares a los que les gusta ridiculizar a quienes no son como ellos.

“Me puso unos calzoncillos en la cabeza delante de todos nuestros compañeros antes de la clase de gimnasia”, explicó Ericsson ante el juez Vince Foley, que escuchó sorprendido cómo el asesino confeso de Norman Johnson afirmaba que “de aquello hace más de 50 años” pero que no había podido olvidarlo “porque quedó grabado en mi subconsciente”.

Con alevosía
El relato de Carl Ericsson ha provocado que el septuagenario haya sido a condenado a cadena perpetua por los hechos que ocurrieron el pasado 31 de enero. Ericsson se acercó al domicilio de un excompañero de instituto, con el que llevaba décadas sin hablarse, y le pidió que se identificase con la excusa de entregarle un paquete.

Norman Johnson acredito su identidad pero, en lugar de recibir un envío, recibió dos disparos a bocajarro con un arma de gran calibre que acabaron con su vida de manera casi inmediata. Ericsson ni siquiera se tomó la molestia de intentar escapar: 60 años después había cumplido su deseada venganza.

Según los psicólogos forenses que han tratado al veterano asesino, lo que sucedió en el vestuario del Madison High School marcó su vida de tal manera que desde aquel momento Ericsson se vio obligado a lidiar con cuadros de “depresión y ansiedad” que lastraron tanto su vida personal como profesional.

Cuestión de envidia
La teoría de los presuntos problemas psicológicos de Ericsson no convence a la familia de su víctima, que lo acusa de haber envidiado a Norman Johnson desde su época colegial. Para Beth Ribstein, hija mayor del asesinado, Carl Ericsson “envidiaba el éxito alcanzado por mi padre en la comunidad de Madison”.

Después de salir del instituto, Norman Johnson se convirtió en estrella universitaria del deporte. Al terminar su licenciatura y un máster, regresó a su pueblo para consagrar su carrera profesional a la educación. Además, se ganó el respeto de sus conciudadanos como uno de los miembros más activos de la comunidad y como entrenador del equipo local de fútbol americano.

Su popularidad era tal que su entierro fue multitudinario: a él acudieron más de 600 personas, uno de cada 10 habitantes de Madison. Según parece Carl Ericsson nunca soportó que a su ‘rival’ le fueran bien las cosas. “No te culpo por tener envidia de mi padre”, le espetó Beth Ribstein antes de que el juez le condenara a pasar el resto de sus días en prisión.

Policía dispara a una persona no vidente tras confundir su bastón con una espada samurai

Sucedió en Inglaterra : Un policía inglés confundió un bastón con una espada y usó la pistola eléctrica contra un invidente.

Policía dispara a una persona no vidente tras confundir su bastón con una espada samurai

Policía dispara a una persona no vidente tras confundir su bastón con una espada samurai

El pasado viernes Colin Farmer, de 61 años, caminaba "a paso de tortuga", según él mismo ha relatado, para encontrarse con unos amigos en un pub de Chorley, en el condado de Lancaster (noroeste de Inglaterra), cuando oyó una voz que le daba el alto.

Varios agentes de la policía local acudieron a la zona alertados por las llamadas de vecinos que denunciaron que un hombre caminaba por la ciudad con una arma usada en artes marciales, muy parecida a una espada samurái.

Tras divisar a Farmer, uno de los policías creyó que el bastón que utilizaba era en realidad el arma que buscaban, y tras pedirle que se detuviera disparó el gatillo de su arma eléctrica, que envió 50.000 voltios al sospechoso.

La víctima cayó al suelo mientras intentaba aclarar, entre gritos, que era ciego, pero el agente tardó varios segundos en percatarse de su error.

"Fue como estar atrapado en una pesadilla", declaró después Farmer, que entre la confusión llegó a pensar en un primer momento que estaba siendo atacado por "varios hooligans".

El invidente fue trasladado por los propios policías al hospital local donde tras comprobar que no había sufrido daños fue dado de alta.

Los agentes que le esperaban acompañaron a la víctima, por petición suya, al pub adonde se dirigía antes de que fuera interceptado.

El departamento de Policía de Lancaster afirmó "lamentar profundamente" lo sucedido y su comisario, Stuart Williams, anunció que el caso sería investigado para tratar de "entender" qué "lecciones" podrían obtener de este error.

La víctima, por su parte, ha informado de que estudia emprender acciones legales contra el cuerpo de seguridad.