martes, 20 de enero de 2026

La estrella de Donald Trump en el Paseo de la Fama: de homenaje turístico a símbolo de conflicto político

Durante décadas, fue solo una más. Un cuadrado de terrazo rosado incrustado en la vereda de Hollywood Boulevard, rodeado de cientos de nombres famosos. Turistas caminaban sobre ella sin prestar demasiada atención, sacaban una foto rápida y seguían su recorrido. Nada indicaba que ese fragmento de suelo terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos políticos más atacados de Estados Unidos.

Sin embargo, la estrella de Donald Trump en el Paseo de la Fama de Hollywood dejó hace tiempo de ser solo un reconocimiento a una carrera televisiva. Con el paso de los años, pasó a representar algo mucho más grande: la colisión entre celebridad, poder y una sociedad profundamente dividida.

La estrella de Donald Trump en el Paseo de la Fama: de homenaje turístico a símbolo de conflicto político

Cuando la política llegó a la vereda de Hollywood

El Paseo de la Fama nació con un objetivo claro: homenajear a figuras del entretenimiento. Actores, músicos, directores y productores tienen allí su nombre grabado como parte de la historia cultural de Hollywood. Trump recibió su estrella en 2007 por su trabajo como personalidad televisiva y productor, mucho antes de convertirse en presidente de Estados Unidos.

Durante casi diez años, la estrella convivió en silencio con las demás. No era especialmente visitada ni evitada. Era, simplemente, parte del paisaje.

Todo cambió en 2016.

Con la campaña presidencial, Trump dejó de ser solo una figura mediática. Se convirtió en un actor político capaz de generar reacciones extremas. Admiración ferviente para algunos, rechazo absoluto para otros. Y su estrella, fija, pública e imposible de mover, se transformó en un blanco perfecto.

El primer ataque: un pico a plena luz del día

En octubre de 2016, a pocas semanas de las elecciones presidenciales, el activista James Otis se acercó a la estrella cargando un pico y un martillo. En pleno día, frente a peatones y cámaras, comenzó a destrozarla.

Los fragmentos de terrazo volaron por la vereda. La escena fue tan impactante como simbólica. Los videos y fotos se viralizaron en cuestión de horas y dieron la vuelta al mundo.

Otis explicó luego que se trataba de un acto de protesta política. Pero más allá de la intención, el efecto fue inmediato: la estrella dejó de ser un simple homenaje y pasó a representar el enojo, la resistencia y la frustración de una parte de la sociedad.

Las autoridades municipales repararon rápidamente los daños. El nombre volvió a su lugar. El piso quedó como nuevo. Pero la calma no regresó.

Reparar el suelo no reparó el conflicto

Desde lo físico, la solución fue sencilla. Desde lo simbólico, imposible.

La reparación reabrió el debate: ¿debía mantenerse la estrella?, ¿era correcto conservar un homenaje a una figura tan polémica?, ¿el Paseo de la Fama es solo historia del entretenimiento o también un gesto político?

Hubo peticiones, debates en el concejo municipal y declaraciones cruzadas. Algunos pedían retirar la estrella para siempre. Otros defendían que el Paseo de la Fama no juzga ideologías, sino trayectorias profesionales.

Finalmente, no se retiró. Y al quedarse, la estrella siguió cargando con toda la tensión que la rodeaba.

Cuatro años después, el mismo lugar, el mismo gesto

En julio de 2020, en un contexto de protestas masivas y polarización política extrema, la historia se repitió. Un hombre llamado Austin Clay atacó nuevamente la estrella, otra vez con un pico, casi en el mismo punto exacto de la vereda.

El paralelismo fue imposible de ignorar. El mismo objeto. El mismo método. El mismo mensaje implícito.

Clay fue arrestado y acusado de vandalismo grave. Para entonces, la estrella ya no era vista como una curiosidad turística, sino como un verdadero pararrayos de la grieta nacional.

La ironía que convirtió el caso en leyenda urbana

Lo más llamativo ocurrió después.

James Otis, el hombre que había destruido la estrella en 2016, pagó la fianza de Austin Clay. El primer atacante ayudaba a liberar al segundo, años más tarde, por el mismo acto y sobre la misma estrella.

La ironía explotó en redes sociales. Medios de todo el mundo retomaron la historia. El episodio adquirió un tono casi absurdo, como si la estrella hubiera creado su propia narrativa cíclica de destrucción y reparación.

¿Por qué esta estrella y no otras?

Hollywood Boulevard está lleno de nombres controvertidos. Sin embargo, pocas estrellas fueron atacadas de forma tan reiterada.

Una de las razones es la visibilidad. El Paseo de la Fama es un escenario público, accesible y cargado de simbolismo. Dañar una estrella allí no es un acto privado: es un mensaje pensado para ser visto.

Otra razón es el contexto. Trump encarna como pocos la fusión entre espectáculo y poder político. Su estrella se convirtió en una metáfora perfecta de esa transformación. Atacarla no requería acceso a instituciones ni cargos. Solo una herramienta y una vereda.

Un símbolo que terminó agrietándose

El Paseo de la Fama fue concebido como algo permanente, casi inmutable. Pero la historia de esta estrella demuestra que ningún símbolo es fijo. El significado cambia según el momento histórico y la mirada social.

Reparada, destruida, defendida, atacada otra vez, la estrella de Trump absorbió años de protestas, tensiones y emociones colectivas. Dejó de ser decorativa. Dejó de ser neutral.

Hollywood se construyó sobre símbolos. Algunos brillan para siempre. Otros, simplemente, se quiebran bajo el peso de lo que terminan representando.

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