Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fútbol. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de junio de 2026

Bielsa, la FIFA y el Mundial 2026: cuando el fútbol deja de parecerse al hincha

Hay frases que duelen porque no suenan exageradas, sino demasiado ciertas. Marcelo Bielsa lo dijo con su estilo habitual, sin adornos innecesarios: el fútbol se parece cada vez menos al aficionado y cada vez más al empresario. La cita exacta que circula en redes sobre “la productividad” y los empresarios no aparece claramente confirmada en fuentes principales, pero sí encaja con una crítica real y reciente de Bielsa: su advertencia de que el fútbol está perdiendo atractivo porque se protege más el negocio que el placer de ver jugar. En el Mundial 2026 lleno de polémicas, además, volvió a apuntar contra los cortes de hidratación porque, según él, rompen el flujo cultural del juego sin aportar demasiado.

Y ese es el punto. No estamos hablando solo de una queja de técnico viejo contra el fútbol moderno. Estamos hablando de una sensación que millones de hinchas vienen acumulando desde hace años: el fútbol ya no parece estar pensado para quienes lo sienten, sino para quienes lo venden.

fifa vs futbol

El fútbol como producto: la herida que Bielsa vuelve a tocar

“ El fútbol era popular porque los pobres eran felices jugando a la pelota. 

No tenían dinero para comprar felicidad como hace la gente que sí tiene dinero. 

Cuando el fútbol se convirtió en negocios deshonestos, es ahí donde las clases pudientes encontraron en él - en el fútbol- una oportunidad y ya no es propiedad de los pobres. 

Como si fuera poco, también le quitaron esa felicidad gratuita” 

MARCELO BIELSA.

El fútbol siempre tuvo dinero. Sería ingenuo pensar que antes era puro, barrial y romántico. Los clubes grandes siempre movieron intereses. Las federaciones siempre tuvieron poder. Los dirigentes siempre jugaron partidos fuera de la cancha.

Pero algo cambió.

Antes el negocio rodeaba al fútbol. Hoy muchas veces parece que el fútbol rodea al negocio. Esa diferencia es brutal. El partido, que debería ser el centro, se convierte en una pieza más dentro de una maquinaria hecha de derechos de televisión, patrocinadores, calendarios imposibles, estadios premium, precios inaccesibles y decisiones tomadas lejos del hincha común.

Por eso lo que dijo Bielsa pega tan fuerte. Porque expresa algo que se ve en cada Mundial, en cada torneo ampliado, en cada pausa publicitaria disfrazada de necesidad deportiva: el hincha sigue poniendo la emoción, pero otros se quedan con el control.

Mundial 2026: el torneo más grande, pero no necesariamente el más justo

El Mundial 2026 es histórico por varios motivos. Por primera vez se juega en tres países: Estados Unidos, México y Canadá. También es el primer Mundial con 48 selecciones y 104 partidos, un salto enorme frente al formato anterior de 32 equipos y 64 partidos.

Sobre el papel, la expansión puede sonar positiva. Más países, más camisetas, más historias, más hinchas representados. Y sí, hay algo valioso en que selecciones que antes tenían menos lugar puedan competir en la máxima cita del fútbol.

El problema es que no podemos mirar esa expansión con inocencia. Más partidos significan más transmisiones, más entradas, más paquetes de hospitalidad, más publicidad, más activaciones de marca y más ventanas comerciales. La propia FIFA, en su presupuesto revisado 2023-2026, estima ingresos millonarios por derechos de televisión y marketing, con el Mundial 2026 como motor principal de esos números.

Entonces la pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿la FIFA agrandó el Mundial para democratizar el fútbol o para multiplicar el negocio?

La respuesta probablemente tenga algo de ambas cosas. Pero el hincha tiene derecho a sospechar cuando cada “avance” deportivo viene acompañado de una caja registradora sonando de fondo.

El hincha ya no es el centro: ahora es audiencia, dato y consumidor

Durante décadas, el hincha fue tratado como parte viva del fútbol. Era el que llenaba la tribuna, el que viajaba, el que cantaba, el que sufría, el que heredaba una camiseta de su padre o de su abuelo. Hoy, cada vez más, el hincha es visto como una unidad de consumo.

No eres solo un aficionado: eres audiencia para una cadena, tráfico para una app, comprador potencial de una camiseta, usuario para una plataforma, dato para una campaña, segmento para un patrocinador.

El fútbol moderno no quiere solamente que mires el partido. Quiere que lo consumas antes, durante y después. Quiere que compres la experiencia completa. Quiere venderte la previa, el entretiempo, el análisis, el contenido exclusivo, la camiseta alternativa, la entrada dinámica, el paquete familiar, la suscripción, el NFT de turno o cualquier invento que aparezca mañana.

Y en esa transformación hay una pérdida profunda. Porque el fútbol deja de ser un lugar de pertenencia y empieza a parecerse a un shopping emocional.

La pausa de hidratación y el síntoma de algo más grande

La crítica reciente de Bielsa a los cortes de hidratación en el Mundial 2026 no debe leerse solo como una queja sobre dos interrupciones en el partido. Bielsa habló de algo más profundo: el ritmo, la tradición, la continuidad y el encanto del juego. Según Reuters, el técnico uruguayo dijo que estas pausas “no agregan nada” y “quitan mucho”, porque alteran el flujo cultural del fútbol.

Claro que cuidar la salud de los futbolistas es importante. Nadie serio puede decir que jugar con calor extremo no exige medidas. Pero Bielsa apunta a una sospecha que muchos comparten: algunas decisiones se presentan como protección deportiva cuando también encajan demasiado bien con las necesidades televisivas.

Un corte puede ser hidratación. Pero también puede ser una ventana para publicidad, análisis, repetición, patrocinador y control del espectáculo.

Ahí está el problema. El fútbol moderno siempre encuentra una palabra noble para justificar una decisión rentable. Seguridad. Globalización. Inclusión. Innovación. Protección. Experiencia del fan. Pero detrás de esas palabras muchas veces aparece lo mismo: más control comercial sobre el juego.

FIFA después del FIFAGate: cambió la forma, no necesariamente el fondo

El FIFAGate de 2015 fue un golpe enorme para la imagen pública del fútbol mundial. La investigación destapó esquemas de sobornos y corrupción vinculados a dirigentes y contratos comerciales. Muchos pensaron que aquello iba a limpiar la casa.

Pero la sensación actual es más amarga. Porque el problema ya no parece ser solamente la corrupción ilegal, el maletín, el arreglo oscuro o el dirigente atrapado en una investigación. El problema es que buena parte del negocio se volvió perfectamente legal, blindado por contratos, estudios jurídicos, consultoras y discursos corporativos.

Antes escandalizaba el dinero oculto. Hoy escandaliza el dinero visible.

Todo está a la vista: torneos más largos, calendarios saturados, jugadores exprimidos, hinchas desplazados por precios absurdos, finales pensadas como eventos globales, sedes definidas por músculo económico, marcas apropiándose del lenguaje popular del fútbol.

No hace falta esconder todo cuando el sistema ya fue diseñado para que el dinero mande.

Messi, la emoción y la máquina de vender sentimientos

Messi no necesita que ninguna maquinaria lo invente. Su genio es real, su carrera es real, su fútbol es real. Sería injusto reducirlo a un producto de marketing, porque antes que marca fue jugador, y antes que jugador fue un pibe con una pelota haciendo cosas imposibles.

Pero también es cierto que el fútbol global convirtió su figura en un activo comercial gigantesco. Messi es talento, sí. Pero también es audiencia, patrocinio, camiseta, narrativa, documental, entrada cara, contenido premium y sueño vendible.

La industria no creó su magia, pero aprendió a explotarla hasta el último centavo.

Y eso no pasa solo con Messi. Pasa con Cristiano, con Mbappé, con Neymar, con cualquier estrella capaz de mover mercados. El fútbol moderno toma el talento y lo traduce en valor financiero. Toma la emoción del hincha y la convierte en retorno de inversión.

Ahí está la tragedia: lo que para el pueblo es memoria, para el mercado es monetización.

¿Se puede recuperar el fútbol para el hincha?

La respuesta fácil sería decir que sí, que basta con “volver a las raíces”. Pero eso suena bonito y sirve de poco. El fútbol no va a volver mágicamente a una era inocente. El negocio no va a retirarse por vergüenza. La FIFA no va a reducir su poder porque los hinchas escriban columnas indignadas. Los patrocinadores no van a dejar de comprar espacios porque alguien cite a Bielsa.

Recuperar el fútbol exige algo más difícil: presión cultural, organización de hinchas, clubes más transparentes, federaciones más vigiladas, precios más razonables, calendarios menos abusivos y reglas pensadas primero para el juego, no para el producto.

También exige no caer en una trampa: confundir crítica al negocio con nostalgia vacía. El fútbol puede modernizarse. Puede usar tecnología. Puede ampliar oportunidades. Puede ser más inclusivo. Puede cuidar mejor a los jugadores. Lo que no puede hacer es entregar su alma a cambio de una planilla más rentable.

El fútbol no es de la FIFA: la FIFA vive del fútbol

Ese es el orden que nunca habría que olvidar. El fútbol no nació en una sala de juntas. No nació en un contrato televisivo. No nació en una reunión de patrocinadores. Nació en la calle, en el potrero, en el club de barrio, en la escuela, en la pelota gastada, en la radio prendida, en la tribuna, en la discusión de café, en el grito que no se puede explicar.

La FIFA administra una parte gigantesca del fútbol, pero no es dueña de su sentido. Los empresarios pueden comprar derechos, camisetas, estadios y nombres comerciales. Pero no pueden fabricar de verdad lo que hace que el fútbol importe: la pertenencia.

Por eso Bielsa incomoda. Porque no habla como un vendedor de producto. Habla como alguien que todavía cree que el fútbol tiene una dimensión cultural, casi sagrada, que no debería medirse solo en productividad.

Y tal vez ahí esté la clave. El fútbol no se defiende solo ganando partidos. También se defiende diciendo que no todo puede venderse. Que no todo puede medirse. Que no todo puede interrumpirse para meter una marca. Que el hincha no es un cliente cautivo. Que la pelota no debería obedecer siempre al mercado.

Conclusión:

El Mundial 2026 muestra el tamaño del problema. Es el torneo más grande de la historia, sí. Pero también es una vitrina perfecta de hacia dónde va el fútbol cuando lo dirige la lógica empresarial: más partidos, más ingresos, más audiencias, más marcas, más control.

Frente a eso, la crítica de Bielsa no es un capricho romántico. Es una advertencia. El fútbol puede seguir creciendo y, al mismo tiempo, vaciarse por dentro. Puede tener más cámaras, más países, más estadios y más dinero, pero parecerse cada vez menos al hincha que lo hizo grande.

La pelea no es contra la modernidad. La pelea es contra la idea de que el fútbol solo vale por lo que factura. Porque si aceptamos eso, ya perdimos antes de salir a la cancha.

El fútbol sigue siendo del que lo siente. Del que lo juega en una plaza. Del que escucha un partido por radio. Del que viaja sin plata. Del que llora por una camiseta. Del que discute una formación durante tres días. Del que entiende que una pelota puede ser mucho más que entretenimiento.

Los empresarios pueden tener los contratos. La FIFA puede tener el calendario. Las marcas pueden tener los carteles. Pero el sentido profundo del fútbol todavía está en otro lado.

Está en la gente.

Y mientras la gente lo recuerde, todavía hay partido.

miércoles, 10 de junio de 2026

Mundial 2026: la fiesta del fútbol que ya llega rodeada de polémicas

Hay mundiales que empiezan con una canción, una mascota, una figura esperada o una promesa de gloria. Pero el Mundial 2026 parece haber arrancado antes del primer partido con algo bastante menos festivo: una cadena de polémicas políticas, migratorias y diplomáticas que amenaza con ensuciar el relato de “unidad global” que la FIFA suele vender cada cuatro años.

La Copa del Mundo se presenta como una celebración del encuentro entre culturas. En teoría, durante unas semanas el planeta se sienta frente a una misma pantalla, los idiomas se mezclan, las banderas conviven y el fútbol funciona como excusa para mirar al otro con menos distancia. Esa es la postal ideal. Pero la realidad previa al Mundial 2026 viene mostrando una imagen bastante más incómoda.

El torneo se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, con una fuerte presencia organizativa y logística en territorio estadounidense. Y allí aparece el primer gran choque: ¿puede un Mundial hablar de inclusión mientras jugadores, árbitros, periodistas y aficionados de distintos países enfrentan trabas para entrar al país anfitrión?

Mundial 2026: la fiesta del fútbol que ya llega rodeada de polémicas

Un Mundial que promete unión, pero empieza con fronteras cerradas

La FIFA confirmó que el Mundial 2026 será el primero con 48 selecciones y tres países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá. Sobre el papel, será el torneo más grande de la historia. Más equipos, más partidos, más ciudades, más público y más negocio.

Pero el tamaño del evento también agranda sus contradicciones. Porque si el Mundial crece para incluir a más países, la pregunta inevitable es qué ocurre cuando el país que organiza buena parte del torneo aplica políticas migratorias duras o restrictivas.

En los últimos días, varios casos han encendido la alarma. Uno de los más comentados fue el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, quien fue seleccionado para participar en el Mundial, pero no pudo ingresar a Estados Unidos. Reuters informó que Artan fue rechazado por autoridades estadounidenses y luego regresó a Somalia, donde fue recibido con muestras de apoyo.

El caso golpeó fuerte porque no se trataba de un turista común ni de alguien ajeno al evento. Era un árbitro designado dentro del marco mundialista. Para muchos, su situación dejó al descubierto una contradicción difícil de disimular: el fútbol invita, pero la frontera decide.

El caso Omar Artan y el mensaje que deja

Omar Abdulkadir Artan no era un nombre cualquiera para el fútbol africano. Había sido destacado como uno de los árbitros más importantes del continente y su presencia en el Mundial tenía una carga simbólica enorme para Somalia.

Según distintos reportes, Estados Unidos impidió su entrada por motivos de seguridad. Las autoridades hablaron de preocupaciones vinculadas al proceso de revisión, mientras que desde Somalia y desde sectores del mundo deportivo se cuestionó la medida.

Más allá de los detalles del caso, el impacto público fue claro: un representante africano, seleccionado para participar en el mayor evento futbolístico del planeta, quedó fuera por una decisión migratoria del país anfitrión.

La FIFA, por su parte, quedó en una posición incómoda. Gianni Infantino calificó la situación como lamentable, aunque aclaró que la organización no controla todas las decisiones de los gobiernos en temas de inmigración y seguridad.

Y ahí está el punto central. Si la FIFA no puede garantizar que las personas acreditadas para su propio torneo entren al país donde se juega, ¿hasta dónde llega realmente su promesa de inclusión?

Irán, periodistas y aficionados: una preocupación que crece

El caso del árbitro somalí no aparece aislado. También se informó sobre problemas de visados para integrantes de la delegación iraní, periodistas africanos e iraníes y aficionados de distintas nacionalidades.

The Guardian reportó que varias personas acreditadas o vinculadas al Mundial enfrentaron restricciones, demoras o rechazos para ingresar a Estados Unidos, incluyendo funcionarios iraníes, periodistas y otros perfiles relacionados con el torneo.

La Asociación Internacional de la Prensa Deportiva también pidió a la FIFA que interviniera ante los problemas de visados sufridos por periodistas acreditados para cubrir la Copa del Mundo. Según reportes recogidos por medios internacionales, la preocupación se centró especialmente en comunicadores de Irán y países africanos.

Esto abre otro frente sensible. Un Mundial no solo lo juegan los futbolistas. También lo cuentan los periodistas, lo viven los hinchas, lo trabajan los voluntarios y lo cubren miles de medios de todo el mundo. Si parte de esa comunidad queda fuera por razones políticas o migratorias, el torneo pierde algo de su sentido original.

La contradicción entre el discurso y la realidad

Cada Mundial viene acompañado de palabras grandes: diversidad, respeto, convivencia, igualdad, unidad. Son conceptos que funcionan muy bien en campañas publicitarias, ceremonias de apertura y comunicados oficiales. Pero el problema aparece cuando esas palabras chocan con hechos concretos.

Estados Unidos es una potencia deportiva, económica y mediática. Tiene estadios enormes, infraestructura, marcas globales y capacidad para montar un espectáculo gigante. Nadie discute eso. Pero también es un país profundamente cuestionado por sus políticas migratorias, por su papel en conflictos internacionales y por decisiones que generan rechazo en buena parte del mundo.

Organizaciones de derechos humanos ya habían advertido antes del torneo sobre riesgos vinculados a discriminación, controles migratorios y trato desigual hacia visitantes durante el Mundial 2026. Amnistía Internacional pidió que la FIFA exigiera garantías para que aficionados, trabajadores y deportistas no sufrieran discriminación en las ciudades anfitrionas.

Human Rights Watch también señaló preocupaciones sobre la falta de planes públicos de acción en derechos humanos por parte de varios comités organizadores locales.

La pregunta, entonces, no es menor: ¿alcanza con decir que el Mundial une al mundo si algunas personas tienen más dificultades que otras para participar?

México recibe con fiesta, Estados Unidos con controles

Una de las comparaciones que más se repitió en redes tiene que ver con el contraste entre los países anfitriones. Mientras varias selecciones y aficionados fueron recibidos en México con música, saludos y ambiente festivo, en Estados Unidos circularon imágenes y denuncias sobre registros exhaustivos, interrogatorios, demoras y dificultades de ingreso.

Es cierto que todo país tiene derecho a controlar sus fronteras. Eso no está en discusión. El problema es cuando esos controles parecen afectar de forma desproporcionada a personas de ciertos países, regiones o perfiles.

El Mundial debería ser un puente. Pero cuando el primer contacto de algunos invitados es la sospecha, el interrogatorio o la negación de entrada, el puente empieza a parecer una muralla.

FIFA: negocio y silencio incómodo

La FIFA suele moverse con comodidad en el lenguaje de la neutralidad. Cuando hay conflictos políticos, intenta repetir que el fútbol debe estar por encima de las divisiones. Pero esa postura se vuelve cada vez más difícil de sostener.

Porque elegir una sede no es una decisión neutral. Organizar un Mundial en un país implica aceptar sus leyes, sus controles, sus tensiones y también sus contradicciones. Si esas condiciones afectan a selecciones, árbitros, periodistas o hinchas, el problema deja de ser externo y pasa a formar parte del torneo.

La FIFA no puede manejar la política migratoria de Estados Unidos, eso es cierto. Pero sí puede exigir garantías antes de entregar una sede. También puede presionar públicamente cuando esas garantías no se cumplen. Y puede explicar con claridad qué medidas tomará para que el Mundial sea realmente accesible para todos los países clasificados.

Si no lo hace, el mensaje que queda es peligroso: el Mundial es global en el discurso, pero selectivo en la práctica.

¿El Mundial 2026 puede quedar marcado antes de empezar?

Todavía falta que ruede la pelota, y cuando eso pase es probable que muchas conversaciones cambien. Los goles tienen una capacidad enorme para tapar debates. Una sorpresa deportiva, una figura brillante o una final emocionante pueden desplazar las polémicas durante semanas.

Pero algunas manchas no desaparecen tan fácil.

El Mundial 2026 ya llega con una pregunta incómoda pegada a la camiseta: ¿puede el torneo más grande del fútbol representar la unión del mundo mientras parte del mundo se siente excluida, vigilada o rechazada?

La respuesta no depende solo de los partidos. Depende de cómo se trate a los jugadores, a los árbitros, a los periodistas, a los hinchas y a las delegaciones. Depende de si la FIFA se anima a defender sus propios valores más allá de los comunicados. Y depende también de si los países anfitriones entienden que organizar un Mundial no es solo prestar estadios: es abrir la puerta a una celebración global.

Porque una Copa del Mundo no debería parecer una fiesta donde algunos invitados llegan por la alfombra roja y otros quedan detenidos en la entrada.

Conclusión

El Mundial 2026 nació con la promesa de ser el más grande de la historia. Pero también corre el riesgo de ser recordado como uno de los más contradictorios. La pelota todavía no empezó a rodar y ya hay polémicas por visados, controles migratorios, denuncias de trato desigual y cuestionamientos al papel de Estados Unidos como gran anfitrión.

El fútbol puede unir, sí. Pero no lo hace por arte de magia. Para que una Copa del Mundo sea realmente una fiesta global, no alcanza con llenar estadios ni vender entradas. Hace falta que todos los pueblos invitados puedan entrar, participar y ser tratados con dignidad.

Y ese, por ahora, parece ser el primer gran partido que el Mundial 2026 todavía no logró ganar.

jueves, 18 de abril de 2019

Higuaín confundió la Catedral de Notre Dame con el Taj Mahal

Pocas horas después del incendio de la Catedral de Notre Dame, Gonzalo Higuaín volvió a hacer de las suyas y las redes sociales no lo perdonaron.

Higuaín confundió la Catedral de Notre Dame con el Taj Mahal 

Higuaín confundió la Catedral de Notre Dame con el Taj Mahal

Una noticia que entre tanta tristeza por la pérdida de patrimonio cultural, le ha sacado una sonrisa a los usuarios de las redes sociales.

El delantero argentino subió a su historia de Instagram una foto trucada que un usuario (con mala intención) le envió para que apoyara al pueblo francés.

Resulta que la foto decía Fuerza Paris, pero en vez de tener de fondo a la catedral de Notre Dame, la foto mostraba el majestuoso palacio indio Taj Mahal, monumento funerario construido entre 1631 y 1654 en la ciudad de Agra, estado de Uttar Pradesh, a orillas del río Yamuna, por el emperador musulmán Shah Jahan.

Lo cierto es que Higuaín jamás estuvo en ninguno de los dos lugares, pero con el afán de brindar su apoyo, el jugador de fútbol dejó usar su imagen por un bromista que se aprovechó de la inocencia del jugador de la Juventus.

Lo más absurdo de esta historia es que, siendo aprovechado por el mismo bromista, también expidió un cheque por 150.000 euros en donación a la fundación encargada del mantenimiento del Taj Mahal, por lo que en estos momentos, su abogado se encuentra llevando a cabo acciones legales en contra del usuario de Internet que trolleó a Gonzalo Higuaín de manera épica, lo llevó a hacer un papelón público en sus redes sociales y le hizo gastar una suma de dinero importante de manera engañosa.

Pese a todo esto, Gonzalo Higuaín sigue siendo el número uno en regalarle al mundo sonrisas, con sus desaventuras y sus memes siempre presentes en toda ocasión. Gracias por tanto Pipita, perdón por tan poco.

sábado, 9 de marzo de 2019

Higuaín confundió la marcha del Día Internacional de la Mujer con la fiesta de San Patricio

Sí señores, sí señoras... O mejor, ya que estamos aprendiendo el lenguaje inclusivo para estar a tono con el mes de la mujer : SÍ SEÑERES, Higuaín lo hizo de nuevo.

Luego de la confusión de fecha y estadio en la final de la Copa Libertadores. Gonzalo Higuaín volvió a hacer de las suyas, esta vez en una manifestación feminista, demostrando porque tiene la fama que tiene.

Higuaín confundió la marcha del Día Internacional de la Mujer con la fiesta de San Patricio

Higuaín confundió la marcha del Día Internacional de la Mujer con la fiesta de San Patricio

El delantero argentino se encontraba en la ciudad donde reside, Torino, Italia, ayer 8 de marzo, día internacional de la mujer. El futbolista salió de su apartamento hacia el supermercado y de pronto se vio envuelto en una marea verde con banderas y carteles por doquier.

Gonzalo Higuaín pensó que era la famosa fiesta de San Patricio y se tomó una selfie para sus redes sociales, pero las feministas italianas, rápidamente respondieron con insultos y golpes tras la fotografía.

Higuaín se imaginó que esas chicas querían una foto con él, por lo que jamás perdió la sonrisa mientras una multitud de mujeres lo golpeaba y pellizcaba cada vez más fuerte.

Entonces Higuaín se dio cuenta: se había topado con la hinchada de otro equipo de fútbol que estaba festejando San Patrick.

Al comprender que nadie quería tomarse fotos con él, se alejó, fue al supermercado, hizo las compras, volvió a su casa, subió a su Facebook la foto que se había tomado con las chicas de verde y se echó a dormir la siesta.

No fue sino hasta el otro día que se dio cuenta de que no era el día de San Patricio, sino el día Internacional de las Mujeres, luego de que una feminista saliera en la TV italiana, acusando al delantero de la Juventus de pervertido por meterse en una manifestación de mujeres para ser toqueteado.

Apenas se enteró del escándalo en el que se encontraba inmerso, llamó a su representante que le dijo "Así que fuiste a la marcha...". Demás está decir que el Pipita entró como un caballo y lanzó un gran "¿Qué marcha?". Luego la clásica respuesta "La de tu culo y mi garcha, boludo" se escuchó solamente el piiii del teléfono colgado por el jocoso representante que no pudo parar de reírse durante tres horas seguidas antes de comenzar a solucionar el problema de su cliente.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Higuaín se equivoca y manda su apoyo a Ricardo Arjona en vez de a Juan Darthés

El delantero argentino Gonzalo Higuaín, conmovido por los hechos de denuncias de abuso de su país, quiso mandar su apoyo al implicado en la causa de abuso sexual hacia la actriz Thelma Fardin, pero se equivocó de persona y le mandó su respaldo al cantante guatemalteco Ricardo Arjona.

Higuaín se equivoca y manda su apoyo a Ricardo Arjona en vez de a Juan Darthés

Higuaín se equivoca y manda su apoyo a Ricardo Arjona en vez de a Juan Darthés

Como ya nos tiene acostumbrados, Gonzalo Higuaín volvió a hacer de las suyas. Esta vez, por querer defender al patriarcado, terminó pateando el penal afuera del estadio. "Ya sé que es mentira lo que dicen de vos, fuerza Arjona! Ya se va a saber la verdad #Salvemoslasdosvidas" escribió en su página oficial de Facebook.

Para no ser malvados con el jugador del Milan, cabe decir que la pose y la foto que le pasaron al pobre Higuaín es bastante parecido a Ricardo Arjona, aunque tiene cara de estar mirando fijamente a una nena menor de edad para comersela.

Por otra parte, según comenta su entorno, Gonzalo Higuaín toca todo este tema de oído, por lo que lee de los titulares -más o menos lo que hacemos nosotros que somos periodistas no-profesionales- e incluso llegó a confundir Patito Feo con Chiquititas y a la actriz Thelma Fardin con Natalia Oreiro.

Luego de publicar el mensaje en apoyo a Juan Darthes / Ricardo Arjona, el actor argentino que desencadenó un tsunami de denuncias de abusos sexuales en Argentina, se comunicó con el jugador de fútbol para agradecerle y le pidió testificar en el juicio que tendrá sede en Nicaragua. Higuaín aceptó y apenas cortó con el actor de cara pervertida y mirada penetrante, llamó a su agencia de viajes para reservar un pasaje a Honduras... Cosas que pasan...

jueves, 13 de diciembre de 2018

Hincha de Boca se borra un tatuaje después de perder la final con River

Las repercusiones del partido de la Copa BridgeStone Libertadores 2018 no paran de aparecer. Luego de la derrota contra River, un hincha de Boca se borró el tatuaje de la pierna, se cambió de cuadro y de deporte favorito. Esta es la conmovedora historia de Lucho "Panqueque" Bonifazzio, el hincha de Boca Arrepentido, contada por el protagonista y allegados en un informe exclusivo de Fake Humor News.

Hincha de Boca se borra un tatuaje después de perder la final con River

Hincha de Boca se borra un tatuaje después de perder la final con River
El antes y después del tattoo de la polémica
Eran tiempos de gloria en el club de Boca Jrs cuando Lucho "Panqueque" Bonifazzio caminaba por el micro centro de Buenos Aires e iba felizmente buscando un estudio de tatuajes barato para darle a su piel los colores de su pasión.
En ese entonces el mundo del tatuaje era mucho más oscuro y habían tatuadores malos por doquier, justamente en uno de ellos calló el "Panqueque" Bonifazzio a pedirle un tatuaje del nuevo club de sus amores.

Años atrás, Lucho era hincha rabioso de Independiente, así como también lo fue de San Lorenzo y de Racing, pero esta pasión por el xeneixe parecía ser definitiva. Ninguna de las otras experiencias deportivas le había dado tantas satisfacciones como el Boca de Román Riquelme.
El tatuador le hizo un tatuaje bastante feo en la pierna justamente del ídolo de Boca, aunque sus amigos decían que no se le parecía en lo absoluto. Pero pese a la mala calidad del tatuaje, esa versión por lo menos "rara" de Riquelme permaneció en la pierna de Bonifazzio hasta diciembre del 2018.
Luego de la derrota en la final contra su rival clásico, Lucho "Panqueque" Bonifazzio entró en un ataque de nervio y se quiso quitar el tatuaje. Lo pintó con marcador indeleble negro y se encerró en su cuarto a llorar por un día entero. Intentó cortarse y quemarse la piel, pero se arrepintió porque le iba a doler demasiado, así que llamó a un amigo de toda la vida, tatuador de profesión y gran hincha de River que, actuando de manera sobradora le dijo "Dale, trae esa mierda para acá que te la saco gratis, sos un caso perdido Panqueque, espero que ahora te hagas hincha de River y te dejes de hinchar las bolas".

Así fue como Lucho "Panqueque" Bonifazzio terminó haciéndose este tatuaje en la pierna que tapó a aquel legendario Riquelme, dejando de lado las alegrías y tristezas que le dio Boca, haciéndose ahora hincha del equipo de Fénix de la liga de fútbol de Uruguay, aunque entrevistado por nosotros, aseguró que ya no le interesa el fútbol, que su deporte preferido es la esgrima, por lo que en su país va a ir los domingos a alentar a Gimnasia y Esgrima de La Plata.
Su mamá asegura que el joven de 30 años también tiró por la ventana las sábanas, camisetas, bufandas y gorros que lo identificaban con la pasión bostera y confesó que "ahora que se maneje, yo no le voy a seguir comprando cosas de otro cuadro de fútbol para que cada cinco años le agarre un ataque y tire todo a la mierda. Si quiere dormir con sábanas que trabaje y que se las compre y si no le gusta se puede ir de esta casa".
Como dice el dicho "son cosas del fútbol".

domingo, 9 de diciembre de 2018

Higuain fue a La Bombonera a ver la final de la Copa Libertadores

El delantero del Milan, Gonzalo Higuain se tomó un avión en la madrugada del miércoles 5 de diciembre para viajar a la Argentina. Al llegar, todos quedaron sorprendidos y nadie entendía por qué había llegado al país, el astro del fútbol Italiano se quiso guardar la razón en secreto para darle una sorpresa a su familia.

Hace pocas horas, llegó sorpresivamente a La Bombonera, saludó cordialmente al cuidador y le dijo:
-Disculpe comisario, abren tarde hoy? Soy Gonzalo Higuaín, jugador de la selección, la verdad que me olvidé de comprar la entrada, pero no creo que me hagan problema para entrar hoy, no?

El cuidador, que estaba ya a punto de irse a su casa a ver la final del Super Clásico que se disputará en Madrid quedó un poco sorprendido, y sin entender mucho qué hacía Higuaín en ese lugar un domingo sin fútbol, le abrió las instalaciones y le respondió:
-Pase nomás señor Higuaín, siéntase cómodo donde quiera, no hace falta entrada ni nada, está todo bien; yo ya me estoy yendo que quiero llegar a tiempo para ver la final, pero un gusto en verlo bien.

El jugador argentino le sonrió y comenzó a caminar por las gradas xeneises, feliz de haber llegado primero y tener miles de lugares para elegir y poder ver mejor lo que sería la final de la Copa Libertadores de América en la cancha de Boca Jr.
Así, feliz y contento, se tomó una selfie que subió a su cuenta de Instagram y que aquí la compartimos con nuestros lectores:

Higuain fue a La Bombonera a ver la final de la Copa Libertadores


Gonzalo Higuaín en la Bombonera a minutos de la final... Que se jugará en otro continente.
"Acá esperando la final" comentó Higuaín desde la Bombonera en sus redes sociales.

Lo cierto es que la final de River Plate vs Boca Jr se disputará en el estadio Santiago Bernabéu, sede del Real Madrid, en España, y en última instancia se hubiese jugado en El Monumental de River, pero bueno... Es Higuaín, dejenlo ser feliz a su manera y si alguien cercano tiene su número de celular, que lo llame y lo invite a comer un asado en su casa y a mirar el partido por Fox.

Informó para ustedes en su sección deportiva: FH News - Noticias falsas de calidad con humor.